Los delirios de unos soldados perdidos en una base militar.
Fallen Art (Tomek Baginski, 2004)
Mención del jurado en SIGGRAPH’05. Producida por Platige Image.
Los delirios de unos soldados perdidos en una base militar.
Fallen Art (Tomek Baginski, 2004)
Mención del jurado en SIGGRAPH’05. Producida por Platige Image.
La animación en tres dimensiones ya hace tiempo que dejó se ser algo estrictamente reservado al mundo infantil. En los últimos años, los filmes estandarte de esta técnica (básicamente los de Pixar y Dreamworks) se han ganado totalmente al público adulto. Eso sí, sin renunciar al infantil. Es esta conjunción la que les ha llevado al éxito, pero a la vez, la que les ha impedido entrar en ciertos terrenos. Se trata de películas que encuentran el equilibrio entre la inocencia y la ironía; equilibrio que se perdería si se integrasen excesivos elementos de crítica, cinismo y esperpento. Aquí entra en juego la innovación de Fallen Art, un cortometraje de animación en 3-D de ambientación sucia y contenido tremendamente crítico.
De hecho, tan básica es la función de denuncia en este corto que no existe ni tan siquiera una línea argumental, sino que se limita a presentar una situación. Eso sí, la situación está expuesta de forma brillante, generando intriga, ofreciendo constantemente nuevos puntos de vista y lecturas de lo que ocurre. Primero vemos caer soldados desde una alta torre; luego, vemos que los soldados no caen, sino que son arrojados por un superior (que, para más inri, y acorde con el humor negro de todo el corto, les condecora antes de tirarlos); después, vemos a un científico fotografiarlos al estamparse contra el suelo y finalmente, un general proyecta las fotografías una tras otra generando el efecto de que los cuerpos muertos (y rodeados de sangre) bailan al son de la música.
Lo fantástico del corto es que cada elemento nuevo es más intrigante y desconcertante que el anterior y que no es hasta el final de éste que todo adquiere algún tipo de sentido; eso sí, un sentido a medias, esperpéntico e incluso desagradable. Sin embrago, insistimos, todo esto es un proceso mental, ya que desde una perspectiva global no existe narración, sino partes de un mismo proceso simultáneo y repetitivo, pero mostradas de forma muy calculada y con un dominio absoluto de los mecanismos de construcción de intriga.
La denuncia/crítica del cortometraje tiene múltiples interpretaciones que pueden ir de lo más concreto (la paranoia de los altos mandos militares) a lo más abstracto (la crueldad sin sentido y totalmente deshumanizada). Este amplio abanico de lecturas es consecuencia, sin lugar a dudas, del fuerte impacto que la resolución del corto genera en el espectador fruto de los mecanismos antes referidos. Por tanto, Fallen Art, es un magnífico ejemplo de cómo el dominio de la forma condiciona la lectura del contenido que se ofrece.
Marc Arcas
junio 2009